Aquella mañana...
Se estremeció mi piel al sentir tu aliento.
Me despertaste entre tus besos que recorrían cada centímetro de mi cuerpo.
Quería mirarte, más casi no me dejabas.
Pegadito a mi parecias adorabar mis senos, desafiantes en las cuencas de tus manos, ibas amasándolos entre caricias, mis pezones despertaron duros, inmersos en tu boca.
Entonces me giré sobre ti, mis pechos apretados contra los tuyos, mi vientre pegadito al tuyo, miraba tu ojos, mirabas mi sonrisa...
Sentia tu sexo adentrandose en mi, el temblor que produce el deseo, la excitacion, los suspiros, los gemidos...
Y uno de los mejores "buenos dias" que pueden existir.
Imagen_Mamots. Autor Javier Reyes
